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En ruta por la costa de Cádiz

De oeste a este por una de las provincias más bonitas de España con 138 km de playas, 5 parques naturales y sierras cubiertas de pueblos blancos

Toro de Osborne, un icono que nació en Cádiz / PIXABAY

Toro de Osborne, un icono que nació en Cádiz / PIXABAY

Ana Montenegro

24.07.2020 00:00h

12 min

Hoy nos vamos al sur. Llegar hasta el punto de arranque de la ruta que os propongo, El Puerto de Santa María, quizás nos va a exigir horas de viaje y centenares de kilómetros pero merece la pena. El objetivo es recorrer de oeste a este una de las provincias que, según muchos, es la más bonita de España partiendo de una ciudad que estás muy vinculada con el mundo del motor. 

Al margen de subjetividades, Cádiz tiene elementos de sobra para situarse en los primeros puestos del ránking. Tiene cinco parques naturales (Doñana, la Sierra de Grazalema, Los Alcornocales y las Marismas de Barbate), sierras cubiertas de pueblos blancos y 138 kilómetros de playas en los que se sitúan algunas de las más famosas de Europa, como las de Tarifa, de las mejores del mundo para la práctica del windsuf y el kitesurf. Algo tiene que ver también que los gaditanos afrontan con buen humor todos sus problemas. Incluso el viento y las pandemias.

Arrancar en la ‘capital del fino’

La mejor forma de llegar a El Puerto de Santa María desde el norte es a través de Sevilla y allí tomar la antigua N-4 (actual A-4) que pasa por Jerez o la AP-4 ( de peaje) que discurre paralela a la nacional pero evita el paso por varios pueblos. Desde el este, a través de Málaga y Algeciras, se llega por la N-340.

El Puerto huele a salitre, a jazmín, a pescado fresco y, sobre todo en mayo,… a goma quemada. Menos este año, en el que todo ha sido diferente. La ‘capital del fino’ debería de ser precisamente estos días de julio un hervidero de motoristas llegados de todos los puntos de Europa e incluso de otros continentes para asistir a las más calientes carreras del Mundial de Moto GP. Los cambios en el calendario del Campeonato, por el confinamiento mundial, han llevado al Circuito de Jerez-Ángel Nieto dos carreras en julio de esta atípica temporada, los fines de semana del 19 y el 26. 

La proximidad de El Puerto al circuito de Jerez y la amabilidad de sus habitantes y autoridades hacia los aficionados convirtió a esta localidad, hace ya muchos años, en el principal punto de concentración de los moteros cuando no están en el circuito. Pero este año no hay público y tampoco hay moteros en las calles de El Puerto. Sólo algunos despistados mecánicos con sus camisetas de trabajo. 

El Puerto de Santa María tiene una ubicación privilegiada sobre el río Guadalete y el Atlántico. Está a un paso de Cádiz, a 27 km de Rota y 10 de Sanlúcar de Barrameda, la otra cuna del fino. La climatología es envidiable y la gastronomía, que se basa en los mariscos, las frituras de pescado y los buenos vinos, cumple cualquier exigencia. Además tiene un casco antiguo muy fácil de recorrer y lleno de rincones que recuerdan su pasado comercial. Este fue uno de los puertos de conexión con América, de aquí zarpó Colón en dos de sus viajes y Juan de la Cosa dibujó su Mapamundi en 1500, el primero que incluía el Nuevo Continente. 

Tradición del fino

Uno de los lugares más bonitos de El Puerto es la Plaza del Castillo, donde está la fortaleza de San Marcos, con aspecto de fortín de cuento, una construcción que inició Alfonso X el Sabio, el rey que concedió a esta localidad el estatus de ‘concejo independiente’ en 1281. 

El Puerto tuvo una nueva época de esplendor en el siglo XVIII, con la llegada de comerciantes procedentes del norte de Europa que dejaron como herencia en los actuales habitantes de Cádiz muchos rubios con ojos azules, además de relanzar la tradición milenaria del fino, o el sherry, uno de los mejores y más aromáticos vinos del mundo. Se produce exclusivamente en la provincia Cádiz, entre las localidades de Jerez, El Puerto de Santa María y Sanlúcar de Barrameda, donde se reparten más de 60 bodegas. Se elabora con la uva Palomino y tiene que consumirse, como máximo, un año después de ser embotellado. Tiene incluso su propia copa, el catavino, que se llena sólo hasta la mitad.

Los primeros datos del cultivo del vino en esta zona se remonta al año 1.100 a.C. Fenicios, griegos, cartagineses y romanos cataron en gran cantidad los caldos de esta tierra que tiene el  Consejo Regulador más antiguo de España, se creó en 1933. El vino y los toros marcan la actual personalidad de El Puerto. Su plaza es una de las más grandes de España, con capacidad para 12.000 espectadores y un ruedo de 60 metros de diámetro, merece también una visita aunque no te interese la tauromaquia.

A las puertas de esta localidad que reúne las esencias de la provincia y que es tan emblemática para el mundo del motor, arranca nuestra ruta. Frente al Monasterio de la Victoria, un edificio del siglo XVI austero en toda su fachada, salvo en la puerta, con una rica decoración barroca. En el siglo XIX fue una cárcel y no ha podido librarse de ese espíritu penitenciario.

Viaje en híbrido

Todo el recorrido, unos 200 km, podemos trazarlo en unas cuatro horas pero vamos a hacer muchas paradas para tomar un café en alguna de las ventas del camino o para visitar algunos de los pueblos que atravesamos. En estas fechas es mejor un vehículo cerrado y con una buena climatización pero en primavera u otoño se puede hacer estupendamente en descapotable o con el techo abierto. Podemos optar por alguno de los últimos modelos híbridos enchufables para reducir el consumo, como el Renault Megane E-TECH, el Kia XCeed, el Honda CR-V, el Peugeot 3008, el Ford Kuga, el DS7 Crossback e-Tense, el Mitsubishi Outlander PHEV, el Volvo XC40 o el Mercedes Clase A EQ Power.

La primera etapa de la ruta nos lleva hasta la capital de la provincia, Cádiz, a sólo 24 km y lo hacemos por la N-IV y las CA-32 y 35, bordeando la bahía y en paralelo al río de San Pedro. El espectacular Puente de la Constitución de 1812 (más conocido como el ‘Puente de la Pepa’) de más de tres kilómetros nos hace de pasarela sobre el mar para entrar en Cádiz. Lo más llamativo de la esta ciudad es su ubicación, rodeada por el Atlántico, mires donde mires hay agua azul. Cuando paseas por sus calles lo más llamativo son los antiguos edificios blancos y el salero de sus habitantes. Cádiz jugó un papel clave en la redacción de la primera Constitución española, la de 1812, que da nombre al puente, porque también se llamó La Pepa. Hoy la ciudad es famosa por la lucha de guerrillas que desde hace décadas protagonizan los trabajadores de esta zona, la que tiene más paro en España. 

A través de la Via Augusta Julia, (la CA-33), que recorre los mejores arenales de la ciudad, viajamos a San Fernando, a sólo 9 km. Lo más interesante en estae punto es que en San Fernando hay un interesantísimo observatorio astronómico de 1753 de estilo neoclásico que fundó la Marina. 

Por la A-48 vamos hasta las afueras de Chiclana de la Frontera, unos 27 km, donde tomamos la secundaria A-390 para dirigirnos hacia el interior a Medina Sidonia y Paterna de Rivera, lo que supone unos 33 km más. El paisaje se llena de pinares y chumberas salpicadas, de vez en cuando, por palmeras y pitas, además de grandes extensiones de cultivos.

Tierra de caza

Medina Sidonia se encarama en una elevación sobre la vega y en los días claros desde aquí se puede ver hasta El Puerto de Santa María. Su pasado fenicio, romano y árabe ha dejado estupendas muestras en toda la localidad. Paterna de Rivera es un pequeño pueblo blanco sobre la carretera, donde se percibe que esta es una tierra diferente. A la entrada de la localidad hay un bar que es la Sociedad de Cazadores y unos carteles hacen referencia a la tradición local en la doma de caballos. Los cultivos van dejando paso a los cotos de caza cuando nos acercamos al Parque Natural de Los Alcornocales. En esta parte de la provincia de Cádiz es fácil ver perdices, vacas, caballos, cabras, ovejas e incluso algún toro bravo que observa el paso de los viajeros desde la distancia. 

En Paterna de Rivera tomamos hacia el este por la CA-5032, unos 20 km, hasta Alcalá de Los Gazules, la puerta de Los Alcornocales. En esta zona la carretera se hace más revirada, con curvas enlazadas. Alcalá de los Gazules aporta el 20% de la superficie de este Parque Natural, un pulmón para la región, que ocupa unas 170.000 hectáreas, la mayor parte en la provincia de Cádiz, el resto en Málaga. Las rutas de senderismo por el Parque permiten ascender hasta el pico Picacho, 800 metros, desde donde se ve parte de las provincias de Cádiz y Málaga.

La localidad, colgada entorno a una pequeña montaña, huele a jazmín y el sol deslumbra al reflejarse en las paredes encaladas. En 1985 fue declarada Conjunto Histórico Artístico. Aquí se encontró la primera inscripción romana en España, el Bronce de Lascuta que actualmente está en el museo de El Louvre, en París. Las calles de este ‘pueblo blanco’ están llenas de edificios barrocos y neoclásicos, que se mezclan con ejemplos de la arquitectura popular. 

El toro de lata

Retomamos el camino, de nuevo hacia el sur por la A-2228, bordeando el parque de Los Alcornocales a la izquierda. A unos 20 km llegamos a Benalup. Sobre la carretera nos observa un toro bravo, pero este mide 14 metros de alto, pesa cuatro toneladas y es de metal. 

El popular toro de Osborne que nos saluda desde muchas carreteras nació hace 62 años. Su artífice fue el artista gaditano Manolo Prieto por un pedido de la bodega Osborne para promocionar el brandy Veterano. Los primeros eran de madera y median cuatro metros de alto. En 1961 se empiezan a fabricar en chapa metálica para hacerlos más resistentes y crecen hasta los siete metros. En 1962, las nuevas normas sobre publicidad en carretera obligan a alejarlos del asfalto y aumentan hasta los 14 metros actuales, como un edificio de cuatro pisos. Bigas Lunas lo convirtió en símbolo de la testosterona hispana en la película Jamón Jamón y, pese a los intentos para matarlo, hasta ahora va ganado el toro, defendido por los mejores diseñadores gráficos y artistas plásticos españoles. En 2003 el FAD lo designó como el objeto más representativo del siglo XX y en 1996 fue portada de ARCO. Se fabrican en un taller de El Puerto de Santa María, tienen 70 chapas atornilladas que ocupan 150 metros cuadrados y son necesarios 50 kilos de pintura para darle su característico color negro.

Vejer de la Frontera, la siguiente etapa de esta ruta, está a 22 km. Para llegar hasta allí hay que seguir hacia el sur por la A-2228 hasta tomar a la izquierda la A-396 y luego seguir las indicaciones para subir al centro del pueblo. Vejer es un pueblo blanco diseminado alrededor de un cerro. Está en el interior pero al lado de algunas de las más espectaculares playas de Cádiz: Conil, Zahara, Caños de Meca o El Palmar. El cerro cae en un fuerte cortado sobre el río Barbate, lo que convierte a Vejer de la Frontera en un espectacular balcón.

El encanto de esta localidad no está sólo en las vistas sino también en sus calles. Conserva gran parte del viejo recinto amurallado de origen árabe (no fue reconquistada hasta 1285 y el castillo, también de origen árabe. Junto a las edificaciones defensivas destacan las casas solariegas y palacios de los siglos XVII y XVIII y la curiosa Plaza de España con una gran fuente con azulejos y figuras de ranas en cerámica que se hizo en 1957. Sus habitantes la ha rebautizado como ‘plaza de los pescaítos’. Todas las calles de Vejer, encaladas y muchas con arcos entre las casas, tienen una magia especial que ha llevado a sus apasionados a considerarlo “el pueblo más bonito de España”. Entre las curiosidades destaca el traje típico de las mujeres, el cobijao, un cruce entre la cultura castellana e islámica que cubre totalmente a sus portadoras y sólo deja al descubierto un ojo. Irónicamente muy útil en tiempos de pandemia y mascarillas.

Paraíso para los romanos

A partir de aquí tenemos dos alternativas. Seguir por la costa, primero por la A-314 hasta Barbate y luego por la A-2231 hasta Zahara de los Atunes bordeando 25 km de playas, unos de los arenales más espectaculares del mundo. En Barbate, que todavía mantiene su esencia de pueblo de pescadores, hay un curioso Museo de las Conservas, frente al puerto pesquero, donde además se pueden comprar conservas y salazones.

Si vamos mal de tiempo podemos acortar camino por el interior, por la N-340 y, a unos 32 km, giramos a la derecha para tomar la CA-8202, que nos lleva de nuevo hasta la costa, a la playa de Bolonia meta de esta ruta. Si estamos Zahara de los Atunes tenemos que enlazar de nuevo hacia el interior para tomar la N-340. En total una media hora, sin tráfico, entre ambas playas (Zahara y Bolonia). 

La playa de Bolonia es un inmenso arenal vigilado a poniente por una gigantesca duna. Hoy es un paraíso para los turistas del siglo XXI pero hace más de 2.000 años lo fue también para los romanos. Sobre la arena y cubiertas de flores malvas están la ruinas de Baelo Claudia, una ciudad fundada en el siglo II a. C. como factoría de salazón de atún, una actividad que siguen realizando los pescadores de la zona casi con las mismas técnicas que sus antepasados romanos. Perfecto lugar para esperar la puesta de sol. Nunca defrauda.

Para no parar de comer

La gastronomía gaditana no defrauda a nadie. Tortillitas de camarones, gambas, pescaíto frito, jamón, cazón en adobo, atún de almadraba, urta, pargo, boquerón, pijota y todo tipo de ensaladas aderezadas con el mejor aceite de oliva, son algunas de las especialidades de una zona donde la comida es simple pero se basa en unos productos de calidad excepcional. Para beber, fino o manzanilla casi a cualquier hora y un buen blanco de la zona para acompañar al pescado.

En El Puerto sólo hay que pasear por la Ribera del Marisco, frente al parque Calderón, sobre el río Guadalete, para tropezarse con una de las terrazas de Romerijo, un lugar imprescindible qu conocen todos los moteros del mundo. El marisco y el pescaíto frito se puede comprar al peso y comer luego en la terraza o pedir directamente la carta. Para tapear, Casa Flores y para una comida más seria, El Faro del Puerto  y en Vejer, El Jardín del Califa.

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