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Ruta por los viñedos más codiciados de Ribera del Duero

Un viaje por carreteras secundarias de Valladolid a Aranda entre viñedos, castillos, monasterios, ruinas romanas y bodegas vanguardistas

Una bodega junto al castillo de Peñafiel en la ruta por Ribera del Duero

Una bodega junto al castillo de Peñafiel en la ruta por Ribera del Duero

Ana Montenegro

02.07.2020 23:13h

5 min

La pareja vino y carretera puede parecer antagónica y poco prudente pero también imprescindible en algunas zonas como la Ribera del Duero. Disfrutar de la conducción y la enología sólo exige organización y sentido común. Para los amantes de estos dos placeres, entre los que me cuento, la Ribera del Duero se convierte en un lugar de peregrinación ineludible porque aquí se hacen algunos de los vinos más valorados del mundo entre castillos, monasterios, ruinas romanas e incluso bodegas de arquitectura vanguardista.

Ahora que ya podemos viajar y que las vides están en su momento más esplendoroso, preparándose para la vendimia, os propongo una ruta que arranca en Valladolid y se prolonga hasta Aranda de Duero, ya en la provincia de Burgos, aprovechando la N-122, la carreta que atraviesa el corazón de esta zona vinícola y que discurre en paralelo al río que le da nombre.  No es una carretera que suponga una conducción compleja, se despliega por llanuras y pequeñas colinas cubiertas de vides de Tempranillo, Cabernet, Merlot, Garnacha o Albillo, con algunas zonas de pinos, donde incluso es posible ver conejos, perdices y hasta algún venado. Esta es zona de vino pero también de caza como recoge en muchas de sus novelas el gran autor contemporáneo de Valladolid, Miguel Delibes, que combinó la literatura con el periodismo como director del más importante periódico local, El Norte de Castilla.

Consejos para la ruta

Aunque no sea quizás el camino preferido para conductores intrépidos, desde un coche o una moto es la mejor forma de descubrir esta tierra milenaria donde el vino es su esencia y su forma de vida. Como ahora ya aprieta el calor y para evitar conducir tras las catas, yo suelo madrugar para hacer kilómetros y dedicar las tardes al vino. ¡Nunca conducir después de beber!, esperar un par de horas para retomar el camino o invitar a este viaje a un amigo que no le guste el vino pero sí el volante

Aunque la carretera que os propongo no es complicada tampoco conviene despistarse. Tiene algunos puntos negros y hay que prestar mucha atención al tráfico y a los límites de velocidad de los pueblos que atravesamos. Salvo los primeros kilómetros, de Valladolid a Tudela de Duero que se recorren por la autovía A-11, el resto es una carretera de un carril por sentido. Así que también hay que tener cuidado en los adelantamientos.

D.O. y más allá

Aunque el recorrido total de esta ruta son poco más de 100 km y tardaríamos en hacerlos alrededor de una hora y cuarto, el objetivo de este viaje es conocer esta tierra, parar en los lugares más interesantes e incluso hacer algunos desvíos para acercarse a ver algo interesante. Con estas premisas, más las catas de vinos, el viaje puede prolongarse todo un fin de semana e incluso un puente largo. Pero no hay problema porque esta zona ofrece múltiples opciones para alojarse, para todos los presupuestos y algunas muy interesantes. En los últimos años han proliferado los hoteles en las propias bodegas impulsados por el auge del turismo enológico. Los hoteles Castilla Termal Monasterio de Valbuena (Valbuena del Duero) o Abadía Retuerta LeDomaine (Sardón del Duero) ocupan antiguos monasterios rehabilitados y además tienen spa, como el hotel Arzuaga (Quintanilla de Onésimo), todos ellos de cinco estrellas y situados entre viñas. También tenemos la opción de optar por coquetas casas rurales. En julio, prácticamente todos han reabierto tras la pandemia.

La zona que corresponde a la Denominación de Origen Ribera del Duero es más pequeña que este recorrido. Se trata de una franja al borde del Duero de unos 35 km de ancho y 115 de longitud entre Quintanilla de Onésimo al oeste y San Esteban de Gormaz al este, ya en la provincia de Soria. Fuera de esta zona delimitada, pero colindante con ella, existen también  muchas bodegas, algunas muy destacadas como Abadía Retuerta, que aunque no pueden usar la D.O. hacen unos caldos igualmente excelentes. Esta Denominación de Origen es relativamente reciente, nació en 1982, pero el cultivo de la vid en esta zona se remonta a más de 2.500 años. 

La ruta atraviesa localidades como Peñafiel, que es el corazón de la región, Cistérniga, Tudela de Duero, Sardón de Duero, Quintanilla de Onésimo, Padilla de Duero o Castrillo de la Vega, casi todas sedes de grandes bodegas. No es difícil localizarlas, muchas se ven desde la propia carretera o están perfectamente señalizadas. Sobre la N-122  encontramos, por ejemplo, Arzuaga, Abadía Retuerta, Vega Sicilia, Viña Mayor, Protos, Pago de Capellanes o Pago de Carraovejas y cruzando al otro lado del río, la carretera VP-3001 que también discurre en paralelo al Duero nos acerca a Emilio Moro, Pesquera o Matarromera. Todas se pueden visitar, algunas con cita previa, y organizan catas de sus mejores caldos.

Arte y vino

Viñedos y bodegas se codean con castillos medievales y algunos excelentes ejemplos de la arquitectura románica y de la imaginería barroca de la escuela de Valladolid, como se puede ver en el Monasterio de Valbuena de Duero, actualmente sede de la Fundación de las Edades del Hombre, en la Iglesia de San Nicolás de Bari (Sinova) o en el Santuario de San Pedro Regalado (La Aguilera, Burgos). Allí se guardan los restos de ese San Pedro que, además de patrón de Valladolid, lo es de los toreros, porque, según cuenta la leyenda, amansó sin capote ni espada a un astado bravo que se había escapado de una plaza de toros. 

El orgulloso castillo de Peñafiel, que se ha comparado con un barco varado entre vides, acoge el Museo del Vino y ofrece unas vistas espectaculares de todo el entorno y los viñedos. Ya llegando Aranda de Duero, donde no hay que perderse las bodegas subterráneas, por la C-111 está Peñalba de Castro y en las afueras, las ruinas de la ciudad romana de Clunia Sulpicia, una pequeña Pompeya en Castilla y León, donde se pueden ver restos de termas, templos, un teatro muy bien conservado y en las casas, habitaciones subterráneas y restos de los sofisticados sistemas de calefacción.
La gran especialidad gastronómica de la zona, que no hay que perderse, es el lechazo asado en horno de leña. Como alternativa, el cordero y el excelente queso de oveja. La carta de vinos de cualquier restaurante, por humilde que sea, requiere un buen rato para leerla por su extensión. Todos son buenos.

 

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