Durante décadas, el automóvil fue acero, motores y cadenas de montaje. Hoy, cada vez más, es código. Millones de líneas de software gobiernan desde la gestión de la batería hasta los sistemas de conducción asistida, pasando por la conectividad, el entretenimiento y la seguridad. Y ese software, complejo y caro, se ha convertido en uno de los grandes cuellos de botella de la industria de automoción. En ese terreno se libra ahora una nueva batalla estratégica: compartir el código de software de los futuros vehículos inteligentes para que las inversiones sean más sostenibles.
Desde Alemania, epicentro histórico del automóvil europeo, empieza a tomar forma una respuesta colectiva. La Fundación Eclipse y la Asociación Alemana de la Industria Automotriz (VDA) anunciaron la expansión de una alianza global de software de código abierto para vehículos definidos por software, con un objetivo tan ambicioso como pragmático: reducir hasta un 40 % los costes de desarrollo y mantenimiento del software no diferenciador y acelerar hasta un 30 % la llegada de nuevos modelos al mercado.
Esra alianza llega en un momento propicio con un frenazo y reconsideración de inversiones por la caída de la rentabilidad de las empresas de automoción, tal como se refleja en el último Barómetro Auto Mobility Trends.
La iniciativa, lanzada discretamente en junio de 2025 con apenas 11 empresas, ha crecido en pocos meses hasta reunir a 32 grandes fabricantes, proveedores y compañías tecnológicas de Europa, Asia y Estados Unidos. Entre ellos figuran nombres que hasta hace poco parecían competir en trincheras opuestas: Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz, junto a Stellantis y Traton; gigantes de la automoción como Bosch, ZF o Valeo; proveedores de chips como Infineon y Qualcomm; y actores del software y la nube como Accenture, Capgemini, Red Hat o T-Systems. El mensaje que envían es claro: el modelo tradicional, en el que cada fabricante desarrollaba su propio software desde cero, ya no es sostenible.
Compartir lo invisible para competir en lo visible
El corazón de esta alianza late en Eclipse SDV (Software Defined Vehicle), un grupo de trabajo que persigue construir una base común de software automotriz, abierta, interoperable y certificable. En el centro se encuentra Eclipse S-CORE, una pila de software que integra distintos proyectos en una arquitectura de referencia lista para producción.
No se trata de compartir lo que hace única a cada marca —la experiencia de usuario, el diseño, la identidad—, sino todo aquello que el cliente no ve, pero que consume enormes recursos: sistemas operativos, capas intermedias, integración de hardware, actualizaciones, mantenimiento y certificaciones de seguridad.
“Al desarrollar conjuntamente software no diferenciador, los fabricantes pueden concentrar sus recursos en lo que realmente importa”, resume Marcus Bollig, director general de la VDA. En otras palabras: menos tiempo resolviendo los mismos problemas una y otra vez, más tiempo innovando.
El primer resultado tangible llegó en noviembre de 2025, con el lanzamiento de la versión pública 0.5 de S-CORE, una demostración de que el código abierto también puede cumplir los exigentes estándares de seguridad y certificación de la automoción. La versión completa está prevista para 2026 y se espera que alimente programas de vehículos que llegarán al mercado antes de 2030.
Una respuesta europea a un desafío global
La expansión del ecosistema se anunció en un escenario simbólico: el CES de Las Vegas, donde la industria del automóvil busca reinventarse entre promesas de inteligencia artificial, pantallas infinitas y conducción autónoma. Pero detrás del brillo tecnológico hay una preocupación más profunda: los altos costes del software y el retraso en su desarrollo están erosionando la competitividad, especialmente frente a nuevos actores más ágiles.
Para Alemania, esta alianza es también una jugada estratégica. Consolidar una base abierta y común permite reducir la fragmentación, reforzar la soberanía tecnológica europea y evitar dependencias excesivas de plataformas cerradas dominadas por grandes tecnológicas.
“La creciente participación refleja un cambio global hacia la innovación abierta”, afirma Mike Milinkovich, director ejecutivo de la Fundación Eclipse. El código abierto, durante años asociado al mundo académico o al software empresarial, se abre paso ahora en uno de los sectores más regulados y conservadores del planeta.