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Trabajadores en la fábrica de Renault de Valladolid

Trabajadores en la fábrica de Renault de Valladolid

De vuelta a la normalidad, por José Antonio Bueno

Hacen falta ayudas para la automoción, sí, pero también inteligencia para acompasar una transición energética que en España será más lenta

José Antonio Bueno

03.09.2021 00:00h

3 min

Nada nos hace más felices que ir recuperando lo que hacíamos antes de marzo de 2020. Sentarse en una terraza, ir al teatro o pasear por cualquier playa esté donde esté, son ejercicios de una libertad que nos robaron dicen que para contener una pandemia. La afectación del virus ha sido terrible, sin duda, pero la excepcionalidad de estos más de 400 días y su impacto económico no tiene parangón. 

Las medidas de contención de la Covid-19 han arrasado sectores enteros: hoteles, viajes, restauración, comercio… Los ERTEs y los créditos ICO han aliviado ligera y coyunturalmente la situación, pero han sido necesarios, y serán, rescates y ayudas de todo tipo que ojalá lleguen a tiempo para evitar más cierres y paro. Con un entorno casi apocalíptico el sector del automóvil en su conjunto emerge como uno de los sectores que mejor ha resistido a la crisis, sufriendo, como todos, pero lejos de la situación agónica de los sectores vinculados con el turismo y el ocio. 

Y además de resistir mejor que muchas industrias, el sector del automóvil ha acelerado su transformación, avanzando con paso firme hacia la reducción de emisiones mediante la electrificación generalizada del parque, manteniendo, cuando no acelerando, los planes de una transformación industrial sin precedentes. 

Apuesta de los fabricantes

En España podemos estar más que satisfechos porque en un entorno de tremenda incertidumbre los principales fabricantes siguen apostando por nuestro país, cada vez más exportador porque nuestro mercado flojea. Calidad, coste y flexibilidad siguen sumando más que las dudas que plantea la velocidad de implantación del coche eléctrico en nuestro país. La introducción en España es más lenta que en el resto de Europa porque somos un país con una renta media cada vez más alejada de los estándares de nuestros principales socios comerciales. 

No hay duda que esta crisis tenía todos los números para ser estructural y llevarse por delante un buen número de fabricantes. El inicio de la misma con el anuncio de cierre de las plantas de Nissan en Catalunya fue un pésimo presagio pero el efecto contagio parece que no se ha producido. Ojalá este cierre al menos sirva para entender que los planes de reindustrialización se han de trabajar en profundidad, con recursos y con compromiso, pero que no hay mejor reindustrialización que adelantarse y convencer a quien está entre nosotros para que no marche. 

Fondos Next Generation

Las ayudas Next Generation serán un aliciente más para seguir invirtiendo en España pero no podemos dejar todo al albur de un maná que en ocasiones podría acabar como la película de Berlanga, pasando de largo. La complicidad con los fabricantes de todas las administraciones es fundamental. De poco sirve que el Ministerio prometa unas ayudas si, por ejemplo, la Generalitat opta por el simbolismo y el ayuntamiento se declara enemigo del automóvil. 

Fabricantes, proveedores, concesionarios y sindicatos han estado más que a la altura. Esperemos que las administraciones no les (nos) defraudren. Hacen falta ayudas, sí, pero también inteligencia para acompasar una transición energética que en España será más lenta que en otros países porque somos menos ricos. Necesitamos más pragmatismo y menos dogmatismo.


Este artículo ha sido publicado en la revista del Barómetro Auto Mobility Trends 2021 de Coche Global y Metyis, que se puede consultar de forma íntegra en este enlace.

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