Industria El periodista Sergio Piccione, en acción en el Salón del Automóvil de Pekín Sergio Piccione

Un operario de Seat en Martorell controla los robots / EP

Un operario de Seat en Martorell controla los robots / EP

Una previsión turbia para la automoción en 2022

Con problemas de suministro y teniendo que fabricar coches que en general la gente no quiere, resulta difícil haber previsiones para Europa

Sergio Piccione

21.01.2022 00:00h

4 min

Si se quiere hacer alguna previsión sobre el automóvil para 2022, la bola de cristal aparece completamente turbia. Si se escucha a los líderes de la industria, algunos de ellos quieren presentar buen ánimo, pero la mayoría prefieren mantenerse en un prudente silencio. Por lo menos, sino aciertan, prefieren no quedar como tontos.

Sí parece que la recuperación hacia cifras de mercado anteriores a la pandemia podría ser más consistente que durante al año pasado, pero quienes te dicen esto suelen acompañar la frase con el condicionante siguiente: "eso si conseguimos controlar la crisis del suministro se semiconductores".

Y eso, hoy por hoy parece bastante pedir porque en este comienzo de año, las fábricas no consiguen trabajar a pleno ritmo por falta de estos suministros. Es más, la falta de confianza de que la ‘vieja normalidad’ se pueda lograr está haciendo que se busquen soluciones para cada empresa por su lado para hacer frente al problema. Unos, planificando fábricas de semiconductores con nuevos socios, otros, tratando de solucionar los problemas que han llevado a esta situación.

Cambios en la cadena de suministro

Lo que sí parece es que de nuevo vamos a darle un retoque a la cadena de suministros para volver a acercarnos a la estructura que tenía hace unos 30 años o más. Entonces, alrededor de las grandes fábricas crecían los parques industriales llenos de las plantas de las empresas proveedoras de primer nivel que trabajaban ‘just in time’. Pero pasó el tiempo y los requerimientos de los fabricantes respecto a precios (más bajos) obligaron a unos y otros a replantearse la situación gracias a los milagros que hacían los servicios logísticos activados en todo el mundo. 

Las pequeñas plantas de los parques industriales fueron desapareciendo en favor de ‘almacenes pulmón’ en donde se estocaban piezas para dos y tres días de producción, mientras que camiones, trenes, barcos e incluso aviones se utilizaba para reponerlas transportándolas desde donde se produjeran con la mejor relación calidad-precio.

La pandemia ha puesto en evidencia los riesgos de este sistema mientras que los fabricantes y sus suministradores, por lo menos de los de primer nivel, vuelven a plantearse que estos últimos tengan centros productivos en la proximidad de las grandes fábricas.

Vehículos políticamente correctos

Eso, por un lado. Por otro, es saber cual es la demanda. Particularmente en mercados maduros como Europa, Estados Unidos y, ahora también, China. Japón hay que dejarlo aparte porque sus ciudadanos son más sensibles a seguir las indicaciones de su Gobierno. Y si nos fijamos en los tres mencionados, representan prácticamente el 60% de la demanda mundial.

Mientras que en Estados Unidos y en China los fabricantes pueden seguir las leyes de mercado, en Europa la legislación está obligando a producir coches con una tecnología que tiene muchas limitaciones en su utilización y que además es cara: los coches eléctricos 100% o eléctricos de baterías. Como son los vehículos políticamente correctos, sus logros comerciales se celebran sistemáticamente por los medios de información general, que no buscan más allá del número frio de las unidades matriculadas. Sus ventas durante los 11 primeros meses del año llegaron a ser del 9,2% del total (en España, donde según una encuesta el 88% de la población querría comprarse un coche eléctrico, alcanzaron el 5,4%). Sin embargo, en diciembre, los registros han alcanzado el 21%. De golpe se han duplicado, superando por muy poco las ventas de los diésel. 

Coches que la gente no quiere

Y es que nadie se ha decidido a verificar cuantas automatriculaciones de coche eléctricos se han realizado, primero para que las marcas puedan justificar los coches con motor de combustión interna que siguen vendiendo y evitar las multas con los supercréditos que obtienen por cada venta de un coche eléctrico de baterías. Y en segundo, evitando que los concesionarios aumenten en exceso sus inventarios.

Así las cosas, con problemas de suministros por un lado y teniendo que fabricar coches que en general la gente no quiere, resulta difícil haber previsiones para Europa, en donde se están disparando las ventas de coches usados. Por cierto, que va a ser curioso ver qué sale de esas iniciativas, inauguradas por Renault, de restaurar coches viejos en uso, reduciendo sus emisiones, para que puedan seguir circulando. Y es que hay gente que quiere asegurarse su movilidad con coches convencionales, gasolina y diésel, a la espera de lo que pueda pasar en 2030, 2035 0 2040.  

 

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