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Un viejo surtidor de diésel en una gasolinera

Un viejo surtidor de diésel en una gasolinera

El Judas de la automoción

Hay que trabajar sin márgenes temporales, de forma constructiva y ciertamente obviando la demagogia ecológica

Jordi Carmona

13.09.2019 09:35h

4 min

Parece ser que lo que se lleva ahora es proclamarse ecologista. Cualquiera puede autodefinirse como ecologista mientras cena con otros interlocutores y hablan de las diferentes obligaciones que hay que poner al sector automovilístico anteponiendo este neoecologismo por encima de la realidad que vive este sector y, lo que más nos preocupa, por encima del empleo

Me resulta tremendamente injusto que en esas cenas de trabajo nadie se atreva a imponer el sentido común y permita que opiniones contradictorias y tremendamente peligrosas, peligrosas para el sector automovilístico, prevalezcan sobre el resto. Estos nuevos Judas Iscariote van vendiendo las bondades de esta nueva industria sin reparar en que el neoecologismo mal entendido e impuesto por decreto puede acabar de un plumazo con un sector estratégico para la economía del país que tantos años de esfuerzo ha costado levantar.

Al escuchar a estos Judas que tanto abundan últimamente en el sector, nos sorprende enterarnos de que, según ellos, el gran problema medioambiental que sufre el planeta viene provocado por los vehículos de combustión, sobre todo por los diésel, y por ello hay que perseguir a estos vehículos y criminalizarlos. En sus cabezas solo ven el humo que sale de los tubos de escape. Y mientras, van poniendo fecha de caducidad a la motorización del diésel, quizá con la oculta intención de pasar a los libros de historia como los grandes salvadores del planeta, sin analizar qué medidas adoptar para no cargarse un sector del que viven tantos trabajadores y trabajadoras, mas de 2 millones.

Riesgo de autodestrucción

Es cierto que entre todos y todas debemos cuidar el medio ambiente y trabajar unidos por un planeta menos contaminado y más verde. Pero este proceso no se puede realizar al tuntún y sin analizar las consecuencias negativas que las decisiones que se adopten puedan tener para otros sectores económicos y para miles de empleos. Estamos ante un punto de no retorno donde soluciones precipitadas pueden agravar los problemas y convertir, lo que podría ser una transición tranquila y razonada, en un proceso autodestructivo en el que, al final del túnel, van a pagar los de siempre.

No se puede demonizar a un tipo de motor que viene adaptándose a las normativas más restrictivas y reduciendo drásticamente sus niveles de contaminación. Tampoco se puede poner fecha de caducidad a un problema que afecta a trabajadores y trabajadoras, empresas y consumidores sin antes haber introducido un sustituto accesible, que tenga las infraestructuras adecuadas en funcionamiento, y cuyo proceso de fabricación haya demostrado ser menos contaminante que el vehículo al que se va a reemplazar. Debemos trabajar sin márgenes temporales, de forma constructiva y ciertamente obviando la demagogia ecológica

Estamos convencidos de que hay muchas medidas que se pueden adoptar y muchos escenarios ante los que debemos estar preparados. Por ejemplo, se necesitan ayudas para rejuvenecimiento del parque móvil mediante incentivos dirigidos a facilitar el achatarramiento de los vehículos más antiguos y mas contaminantes y a promover la adquisición de otros nuevos, independientemente de si son gasolina, diésel o verdes. Hay que preparar nuestras carreteras y gasolineras para impulsar la compra de vehículos eléctricos o alternativos, pero también promover la instalación de fábricas no contaminantes de baterías. 

Primero, rejuvenecer el parque

Paralelamente debemos evitar que cada comunidad autónoma apruebe por su cuenta leyes neoecologistas que restringen derechos de los ciudadanos y ciudadanas de todo el país y crean el caos y la discriminación entre los usuarios y usuarias que circulan por ella a base de prohibiciones y multas que afectan a unas regiones sí y a otras no.

Debemos hacer callar al Judas de la automoción y guiarnos por el sentido común y la previsión si de verdad queremos dar pasos firmes y decisivos en el camino hacia la consecución de un planeta menos contaminado y un sector automovilístico fuerte, ecológico y con futuro, que asegure, cuando menos, el nivel de empleo actual. Modernizar el parque automovilístico en España debe ser la punta de lanza de la transición ecológica y no su final.

El Judas al que me vengo refiriendo en este artículo no es una persona o grupo de personas concreto, sino un sentimiento que se está creando y creciendo en el seno del sector. Debemos hacer un esfuerzo por apartar este sentimiento negativo y apostar por la coexistencia natural de los nuevos motores diésel, los nuevos motores gasolina y los motores alternativos. En nuestras manos está acordar las medidas necesarias para que el sector automovilístico español siga siendo un referente a nivel mundial.

 

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