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Felipe VI se pasea en un Citroën... en París

El monarca y su esposa llevaron a cabo todos los desplazamientos de las visitas oficiales con un C6 prestado por el Estado francés

Felipe VI se pasea en un Citroën... en París

Felipe VI se pasea en un Citroën... en París

Redacción Coche Global

23.07.2014 08:03h

2 min

Por un día, el rey español se bajó del Mercedes y el Audi y se subió a un Citroën. Aunque fue en París. El viaje oficial de Felipe VI a París fue un spot de un icono francés. El monarca y su esposa llevaron a cabo todos los desplazamientos de las visitas oficiales con un Citroën C6 prestado por el Estado francés y que hasta hace poco había sido el vehículo oficial de referencia del presidente de la República Francesa, François Hollande. Resulta una imagen insólita ver al rey español a bordo de un vehículo de la marca francesa en lugar de los habituales Audi A8 y Mercedes blindados y super equipados para la familia real.

Pero en Francia, los coches oficiales tienen que ser made in France y por ello Hollande alterna en periodos sucesivos Citroën y Renault. Del Renault Vel Satis pasó al Citroën DS5. En Francia, al igual que en Alemania e Italia, el apoyo a la industria local se visualiza con coches oficiales fabricados en sus países.

En cambio, en España, segundo país productor de vehículos de Europa, los dirigentes públicos y los directivos de empresas sufren un mal muy extendido: la ostentación y la aspiración a ser alemanes. La auditis, merceditis y bmwitis se han implantado como un símbolo de imagen para políticos y empresarios que ignoran la potente industria local que defienden de palabra en algunos foros. Solo hay algunas contadas excepciones a ese mal como el presidente gallego, que suele viajar en un Citroën en apoyo a la fábrica de Vigo o el conseller de Empresa de Catalunya, Felip Puig, que se desplaza en un Seat Alhambra.

Los altos cargos usuarios de Audi y Mercedes se aferran a que también apoyan la industria local puesto que son marcas que pertenecen a grupos con fábricas en Vitoria (furgonetas) y Pamplona y Martorell (utilitarios y compactos). El problema parece ser que la gama de vehículos producidos aquí no responde a las necesidades de imagen institucional / ostentación que buscan, aunque ellos aleguen que se trata de un problema de falta de espacio y utilidad.

Estos males tienen cura. Bastaría con que el rey cambiara su coche oficial por un coche made in Spain, como un Ford Mondeo (de próxima producción en Almussafes) o una Mercedes Vito o un Nissan Pathfinder. Su ejemplo se transmitiría en cascada hacia políticos y empresarios que de esta forma sí que actuarían como auténticos alemanes, franceses o italianos.

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