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Felipe VI se corona con un Rolls-Royce de 1950 que hoy costaría 308.376 euros

Phantom-Rey

Phantom-Rey

Redacción

20.06.2014 09:41h

2 min
Felipe VI ha optado por una coronación clásica. Tanto en el protocolo como en la ceremonia, en la que el descapotable de superlujo en el que se desplazó tuvo un papel importante. El nuevo rey eligió la joya de la corona del garaje del palacio de El Pardo de Madrid, un exclusivo Rolls-Royce Phantom descapotable adquirido por Franco en 1950 por 8.500 libras esterlinas. El coche costaría hoy un mínimo de 308.376 euros, un precio al que habría que añadir todas las mejoras y modificaciones aplicadas.
La utilización del Phantom ha causado polémica en las redes sociales, en las que se ha cuestionado que el nuevo monarca utilice como vehículo de representación una berlina de superlujo que, además, fue adquirida por Franco junto a otras dos versiones del modelo. Las 8.500 libras esterlinas de 1950 equivalen a 246.654 de 2012, según la calculadora del efecto de la inflación del Banco de Inglaterra. Traducido en euros, 308.576. 

Los Reyes junto a uno de los Rolls-Royce de Patrimonio. CASA DEL REY
Es sólo una aproximación de mínimos puesto que el precio de los modelos de Rolls-Royce, como los del resto de marcas, han crecido por encima de la inflación acumulada debido a la incorporación de nuevos equipamientos y tecnologías. El Phantom descapotable actual tiene un precio básico de 325.000 euros. En cualquier caso, una fortuna en comparación con los 19.519 euros que pagan de media los españoles por un turismo nuevo. 

La infanta Cristina y Urdangarín, en el Phantom.
Franco en una aparición con el Phantom descapotable.
¿Ha sido acertada la elección de Felipe VI? Seguro que hay opiniones para todos los gustos. Por un lado, el descapotable utilizado forma parte del patrimonio del Estado y, como cualquier activo, más vale darle utilidad que tenerlo ocioso. Sin embargo, el debate más profundo es si es conveniente mantener este y otros vehículos tan marcados por la utilización de Franco desde el desfile de la victoria de 1952. Siempre quedará la opción de que los Rolls de Franco sigan los pasos del yate Azor, que fue vendido a propietarios privados aunque con una maldición que impidió su transformación en bar flotante y luego en hotel. Finalmente acabó en manos de un artista para su desguace y transformación en esculturas.

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