Ocho meses después de su salida fulminante del sector del automóvil, Wayne Griffiths vuelve a escena. Pero no lo hace en un salón del motor ni al frente de ningún fabricante: lo hace como emprendedor bodeguero. El expresidente de Seat y CEO de las marcas Seat y Cupra ha lanzado su propia ginebra premium, Gin Wayne, un proyecto personal que llevaba “años queriendo hacer, pero nunca con el momento adecuado”, según confiesa en su cuenta de Linkedin.
Griffiths se quedó fuera de la industria tras no cuajar en varias quinielas de relevos de directivos en varios grupos automovilísticos. Tras ocho meses de silencio, Wayne Griffiths encontró un hueco para seguir una pasión aplazada durante demasiado tiempo. “A veces en la vida tienes que seguir tus pasiones, dondequiera que te lleven”, escribe. Esta vez, lo llevaron a una destilería artesanal en Austria.
De Martorell a una destilería de Austria
Gin Wayne es el reverso íntimo del ejecutivo que llevó a Cupra a convertirse en una de las marcas de más rápido crecimiento de Europa. En lugar de plataformas eléctricas y hojas de ruta industriales, ahora habla de botánicos, de destilaciones lentas y de la “quintessencia del alcohol natural”.
La ginebra se elabora a mano en Pfau, una de las últimas destilerías artesanales de Klagenfurt, en el estado austríaco de Carintia. Una producción “sin atajos”: sin aromas artificiales, sin añadidos, solo ingredientes reales, tratados con la calma y la precisión que Griffiths reivindica casi como antídoto frente a los ritmos del automóvil.
Los botánicos se maceran durante días. El destilado se produce en pequeños lotes, doblemente destilado para obtener —dice— “la expresión más limpia y honesta” de frutas, hierbas y especias de la zona. El resultado es una ginebra “compleja y suave a la vez”, que lleva tanto del territorio como del propio exdirectivo.

Wayne Griffiths en la nueva foto tras su cese en Seat / LINKEDIN WAYNE GRIFFITHS
Diseño vienés y precio selecto
El proyecto se ha mimado también por fuera. La botella, de líneas geométricas e inspiración Art Déco, la firma el arquitecto vienés Gregor Eichinger, un gesto que convierte el envase en pieza casi de colección.
El precio también va en esa línea: 182 euros la botella, una cifra que sitúa a Gin Wayne en el territorio de las ediciones exclusivas, lejos de la gama accesible y en línea con su narrativa artesanal. Ha pasado de Seat y Cupra al Bugatti de las ginebras.
La primera remesa es escasa: solo 500 botellas. Una edición para amigos, dice Griffiths, aunque rápidamente se ha convertido en un lanzamiento dirigido a coleccionistas y curiosos.
La vida después del automóvil
“Esto es realmente algo único”, sentencia Griffiths, en un tono que mezcla liberación personal y reivindicación creativa. Tras años ligados al vértigo industrial, parece haber encontrado en la ginebra un lenguaje propio y un reto motivador inspirado en la rebeldía de David Bowie y que nos recuerda a la sonoridad de la figura de John Wayne.
Gin Wayne, asegura, no será una aventura aislada. Habrá más ediciones, cada una nacida de una estación distinta, como si este nuevo capítulo se escribiera siguiendo el calendario natural y no el corporativo.