La industria europea de componentes de automoción atraviesa una fase crítica. Casi la mitad de los fabricantes prevé recortar su capacidad de producción en los próximos años, en un contexto marcado por el desplome de la rentabilidad, el aumento de los costes y la creciente competencia de China. Así lo refleja el último CLEPA Pulse Check, el informe semestral de la patronal europea de proveedores, elaborado junto a McKinsey, que alerta de un déficit estructural de competitividad que Europa “ya no puede ignorar”.

Caída de la rentabilidad

La situación financiera del sector es alarmante. Siete de cada diez proveedores esperan márgenes inferiores al 5%, el mínimo necesario para sostener inversiones en tecnología, formación y capacidad productiva. Un tercio, directamente, anticipa beneficios nulos o marginales.

Lejos de ser un bache puntual, el problema apunta a ser estructural. Para 2026, el 70% de las empresas sigue proyectando rentabilidades por debajo del umbral crítico, lo que empuja a muchas de ellas a retrasar inversiones o trasladar producción a regiones más competitivas. Esto pone en entredicho la capacidad europea para liderar las tecnologías de movilidad del futuro.

Europa occidental pierde atractivo industrial

El debilitamiento de la rentabilidad, unido al incremento de costes y a una demanda menos dinámica, está erosionando la base productiva de Europa occidental. La mitad de los proveedores planea reducir capacidad en la región en los próximos cinco años, mientras solo un 10% prevé ampliarla.

En contraste, el 49% espera crecer en Norteamérica, el 42% en Asia y el 35% en China, un desplazamiento claro hacia áreas con mercados más predecibles y condiciones operativas más favorables.

La competitividad se ha convertido en la principal preocupación del sector, citada ya por el 86% de las empresas —14 puntos más que en la encuesta anterior—. El descenso de la demanda y la mayor rapidez de adopción tecnológica en otros mercados aumentan la presión.

La competencia china acelera

La irrupción de los proveedores chinos se ha intensificado rápidamente. Gracias a menores costes, fuertes apoyos públicos y un sólido mercado interno, los actores chinos están ganando cuota en Europa.

Actualmente, el 69% de los proveedores europeos afirma enfrentarse ya a competencia directa de productos importados desde China, un aumento de 12 puntos respecto a la primavera pasada. Tres de cada cuatro empresas creen que esta presión seguirá aumentando, hasta 26 puntos más, lo que eleva la preocupación sobre la capacidad de Europa para mantener una cadena de valor automotriz resistente.

“La persistente baja rentabilidad está llevando al sector por un camino peligroso”, advierte Benjamin Krieger, secretario general de CLEPA. “Si no se toman medidas decisivas, la fabricación de componentes en Europa corre el riesgo de desaparecer, ya que las empresas pueden verse obligadas a deslocalizar o incluso a cerrar, poniendo en peligro empleo y conocimiento especializado”.

Krieger pide a la UE una reacción inmediata: reducción del coste eléctrico, simplificación regulatoria, mejores condiciones de financiación y políticas de contenido local que garanticen que el conocimiento crítico permanezca en el continente. Reclama también un marco flexible y neutral tecnológicamente que impulse la innovación y acelere la descarbonización del transporte por carretera.