Desde sus difíciles comienzos en 2003, Tesla fue sinónimo de coches eléctricos. Hoy, esa definición empieza a quedarse corta. Mientras sus beneficios netos cayeron un 46% en 2025 y las ventas de vehículos registran su primer descenso anual histórico, Elon Musk pisa el acelerador en otra dirección: la inteligencia artificial.
Las cifras explican la urgencia. Tesla ganó 3.794 millones de dólares en 2025, muy lejos de ejercicios anteriores, lastrada por una caída del 10% en los ingresos por venta de automóviles, que se quedaron en 69.526 millones. La producción bajó un 7% y las entregas un 9%, hasta 1,63 millones de vehículos. Un punto de inflexión para una compañía que había hecho del crecimiento constante su principal argumento frente a Wall Street y que ha permitido a la china BYD destronar a Tesla como mayor fabricante de eléctricos.
En este contexto, el anuncio de una inversión de 2.000 millones de dólares en xAI, la empresa de inteligencia artificial fundada por el propio Musk, no es un movimiento aislado, sino una declaración de intenciones. Tesla ya no quiere ser vista solo como un fabricante de coches, sino como una empresa de IA, software y robótica, una narrativa de la que depende buena parte de su valoración en bolsa de 1,35 billones de dólares.
Elon Musk dio alguna pista de lo que le espera a Tesla en el futuro. "Los únicos coches que vamos a fabricar serán autónomos con la excepción del Roadster", indicó el CEO de Testal, en un encuentro con accionistas y analistas, como una especie de declaracion de principios.
Los eléctricos de Tesla pierden fuelle
El negocio del automóvil, todavía el mayor generador de ingresos, muestra signos claros de desgaste. La competencia aprieta con modelos más baratos, los incentivos fiscales en Estados Unidos se han esfumado por orden del 'petrolero' Donald Trump y la imagen pública de Musk —cada vez más politizada— ha alejado a parte de la clientela. En 2025, de los más de 1,65 millones de vehículos producidos, casi todo fueron Model 3 y Model Y. El resto de modelos, incluyendo los ambiciosos Cybertruck y Semi junto a los más Premium Model S y X, apenas sumaron 53.900 unidades.
Sin embargo, Musk insiste en mirar más allá del retrovisor. Tesla prevé aumentar la producción del camión Semi, lanzar el Cybercab, su taxi autónomo, en la primera mitad de 2026, e iniciar la producción del nuevo Roadster. Promesas que los inversores escuchan con cautela: no es la primera vez que los plazos se dilatan y los anuncios llegan antes que los productos.
La apuesta central es la conducción autónoma total y, por extensión, el robotaxi. Musk lleva casi una década anunciando su llegada inminente. Ahora, con el Cybercab —un vehículo sin volante ni pedales— vuelve a fijar expectativas, aunque reconoce que la producción inicial será “angustiosamente lenta”. La falta de fechas regulatorias claras mantiene la incógnita abierta y la paciencia de Wall Street, bajo presión. Paralelamente, el emprendedor pretende deslumbrar con Optimus, el robot humanoide para el que se ha fijado el objetivo de convertirlo en un fiel trabajador y asistente.
Más energía y la promesa de la IA
Paradójicamente, mientras los coches flaquean, el negocio de energía brilla. El almacenamiento energético creció un 29% y marcó récords, reforzando la idea de que Tesla funciona mejor cuando se aleja del modelo clásico de fabricante de automóviles.
A corto plazo, la compañía se apoya en versiones más baratas del Model 3 y Model Y para sostener las ventas en 2026, aun a costa de los márgenes. A largo plazo, el plan es otro: llenar las calles de vehículos hoy para monetizarlos mañana con software, datos y servicios autónomos.
La pregunta ya no es si Tesla venderá menos coches un año concreto. La verdadera incógnita es si, en el futuro, Tesla seguirá siendo una marca de coches o una empresa de inteligencia artificial que, entre otras cosas, fabrica vehículos. Musk parece haber elegido ya el camino. El mercado decidirá si esta vez la promesa llega antes que la decepción.