La nueva competición de bólidos eléctricos Fórmula-e muestra lo mejor de la electromovilidad. Coches de apariencia similar a los de Fórmula 1, velocidad punta superior a los 300 kilómetros por hora, sin emisiones contaminantes y... con un pit stop para cambiar el vehículo con las baterías agotadas por otro cargado. Una imagen vale más que mil palabras, también en este caso. Queda mucho por mejorar en la Fórmula-e.

La carrera disputada el sábado en Buenos Aires dejó nuevamente una imagen con claroscuros de la competición que ha puesto en marcha Alejandro Agag. Prestaciones de alta competición, un gran premio muy disputado... Es la cara positiva del escaparate de los vehículos eléctricos. Pero la cara más oscura es una parrilla llena de pilotos rechazados por los equipos de la Fórmula 1, un circuito que deja mucho que desear, unas medidas de seguridad muy precarias y la confirmación del principal problema que aprecia el público en general para la nueva tecnología: la escasa autonomía que permite. 

La visualización del piloto cambiando de monoplaza en el box a mitad de carrera para seguir con otro vehículo con las baterías cargadas acaba volviéndose en contra del loable objetivo de la Fórmula-e. Es una constatación de que el repostaje de la Fórmula 1 que puede durar unos cinco o seis segundos se convierte en la nueva competición en un cambio de coche ante la imposibilidad de recargar la batería en tan poco tiempo. Sin duda es mejor cambiar de coche que parar la carrera 15 minutos.