La transición del automóvil europeo hacia la electrificación y la digitalización no avanza a velocidad uniforme en el ámbito del empleo. Mientras algunas regiones y perfiles profesionales comienzan a vislumbrar oportunidades de crecimiento, otros afrontan un futuro marcado por la incertidumbre. Así lo refleja el informe 'La carrera por la recualificación: acelerando la transición de la fuerza laboral de la automoción en Europa', elaborado por ACEA y el Grupo Adecco, que traza un mapa desigual de ganadores y perdedores en uno de los sectores industriales clave del continente.
Durante la última década, la Unión Europea ha destinado 2.450 millones de euros al sector automovilístico para financiar políticas de formación y recualificación. España figura entre los países prioritarios en la asignación de estos fondos, con una evolución que ha pasado de medidas defensivas de ajuste a programas orientados a preparar a los profesionales para los nuevos perfiles que demanda la industria. Sobre el papel, el país parte de una posición ventajosa. En la práctica, el informe advierte de un problema persistente: la escasa visibilidad sobre el impacto real de estas inversiones.
Ese déficit de evaluación convierte a la formación en una promesa todavía incompleta. El reto, subrayan los autores, ya no es captar más recursos, sino transformar los existentes en empleo cualificado, capacidades transferibles y una ventaja competitiva sostenible para los territorios. En otras palabras, pasar del gasto a la estrategia.
Resiliencia del empleo en España
En un contexto de disrupción industrial acelerada —marcado por la digitalización, las tensiones geopolíticas y un marco regulatorio cada vez más exigente—, España emerge como uno de los países más resilientes del entorno europeo. Sin liderar el crecimiento, ha logrado una recuperación gradual del empleo en automoción, situándose en niveles similares o ligeramente superiores a la media de la UE-27, y mostrando una mayor estabilidad que potencias industriales tradicionales como Alemania o la República Checa.
Los datos apuntan a un reparto territorial desigual de las oportunidades. El norte de España se perfila como uno de los ganadores de la transición, en un escenario europeo dominado por el estancamiento o la pérdida de empleo. Cataluña y Aragón destacan por un crecimiento del talento superior a la media, incluido el técnico y tecnológico. Andalucía avanza en generación de talento, mientras que Castilla y León y Galicia concentran una elevada demanda de perfiles con experiencia vinculada a su base industrial. Incluso regiones con menor peso histórico en el sector, como Extremadura, ganan margen de adaptación futura gracias al impulso de la formación continua y la recualificación.
Sin embargo, no todos parten del mismo punto. El empleo en automoción sigue concentrándose, en España y en el conjunto de Europa, en actividades de venta y reparación de vehículos, con una elevada presencia de perfiles de cualificación media y una baja integración interna de competencias digitales. Este desequilibrio anticipa un impacto desigual de la transición tecnológica y dibuja con claridad la línea que separa a los ganadores de los perdedores.
Empleos al alza y a la baja
De un lado, crecen con fuerza los perfiles vinculados a la ingeniería de software, la tecnología de baterías, el análisis avanzado de datos y la gestión especializada. De otro, se prevé un declive estructural de los empleos de cualificación media y baja —metalúrgicos, administrativos y oficios tradicionales—, aunque el informe lanza una advertencia clave: la industria se enfrenta, al mismo tiempo, a una escasez inmediata de competencias en estos mismos perfiles debido al envejecimiento de la plantilla y a la necesidad de reemplazo. La paradoja es evidente: sobran empleos en el largo plazo, pero faltan trabajadores hoy.
El estudio identifica tres obstáculos que lastran la transformación del empleo: una planificación de la fuerza laboral excesivamente reactiva, la ausencia de un cambio cultural profundo en las organizaciones y la dificultad para compatibilizar formación y producción. A ello se suman puntos ciegos persistentes, como la infrautilización de los periodos de inactividad productiva para capacitar a los trabajadores, la fragmentación de los ecosistemas regionales de empleo y formación, y la inercia de modelos laborales heredados que dejan a muchos profesionales sin apoyo en su transición hacia nuevos roles.
Más planificación
Las consecuencias de no corregir estas dinámicas son claras. Algunas regiones europeas —como el sur de Alemania, Bohemia Central, Eslovaquia Occidental o Suecia Occidental— podrían experimentar una caída significativa del empleo en automoción. En contraste, territorios que logren alinear industria, educación y políticas públicas tienen margen para consolidarse como polos de atracción de talento.
“El principal obstáculo no es la falta de formación, sino la ejecución operativa”, advierte Denis Machuel, consejero delegado del Grupo Adecco. Si la industria y los responsables políticos no avanzan hacia una planificación proactiva y coordinada, el riesgo no es solo perder empleo, sino capacidad industrial y competitividad. En la misma línea, la directora general de ACEA, Sigrid de Vries, subraya la necesidad de un enfoque a largo plazo que mantenga las cadenas de valor, la innovación y el empleo anclados en Europa.