Mientras buena parte de la industria del automóvil sufre los efectos de los aranceles, las guerras de precios y la electrificación acelerada, Toyota avanza en sentido contrario al haber encontrado la fórmula para sacar provecho. El fabricante japonés ha vuelto a cerrar 2025 como líder mundial del automóvil por sexto año consecutivo, ampliando la distancia con Volkswagen y demostrando que, en tiempos inciertos, la constancia puede ser una ventaja competitiva.
Toyota vendió 11,3 millones de vehículos el año pasado, un 4,6% más que en 2024, incluyendo las marcas Toyota y Lexus, así como Daihatsu y Hino. Un récord que contrasta con la evolución de su gran rival europeo: el Grupo Volkswagen cerró el ejercicio con algo menos de nueve millones de unidades, un 0,5% menos, lastrado por fuertes caídas en China y Estados Unidos.
La ventaja de los híbridos de Toyota
La clave del éxito de Toyota no está en una apuesta radical por una sola tecnología, sino en una estrategia gradual, diversificada y pragmática. Mientras otros fabricantes se lanzaron de forma acelerada al vehículo eléctrico, el grupo japonés ha seguido perfeccionando su dominio de los híbridos, que en 2025 representaron el 42% de sus ventas globales, frente a un modesto 1,9% de eléctricos puros. La compañía que dirige Koji Sato, discípulo de Akio Toyoda, mantiene la postura de retrasar su plena electrificación hasta el desarrollo de la próxima generación de baterías de estado sólido, mucho más eficientes.
Ese enfoque ha resultado especialmente eficaz en Estados Unidos, donde la demanda de híbridos se ha disparado en un contexto de precios elevados del combustible y retirada de incentivos al coche eléctrico. Las ventas conjuntas en EEUU y Japón —sus dos grandes bastiones— superaron los dos quintos del total mundial, impulsadas por modelos como el RAV4, uno de los SUV más vendidos del mercado norteamericano.
Las ventas de Toyota en EEUU subieron un 8% y llegaron a 2,5 millones de vehículos, con las exportaciones desde Japón a EEUU creciendo un 14,2%, hasta unas 615.000 unidades, desafiando además el ruido arancelario. Al mismo tiempo, Toyota sacó provecho de la producción en sus plantas de EEUU.
Mejora de las ventas en China
Incluso en China, el mercado más competitivo y volátil del mundo, Toyota logró algo que muchos de sus rivales no pudieron: dejar de caer. Sus ventas crecieron un leve 0,2%, el primer avance en cuatro años, en un entorno dominado por fabricantes locales de eléctricos que han erosionado la cuota de las marcas extranjeras. Logró vender en China casi 1,8 millones de vehículos gracias al tirón de la demanda de los eléctricos bZ3X y bZ5.
El contraste con Volkswagen es revelador. El grupo alemán sufrió en 2025 un retroceso del 8% en China y del 10,4% en Norteamérica, dos mercados estratégicos. Ni el buen comportamiento en Europa ni el fuerte crecimiento en Sudamérica bastaron para compensar esas pérdidas. Entre octubre y diciembre, las caídas se acentuaron, evidenciando hasta qué punto la fragmentación regional condiciona hoy el negocio global del automóvil.
Toyota, en cambio, ha convertido esa fragmentación en una oportunidad. Donde el eléctrico aún no despega, ofrece híbridos eficientes; donde hay restricciones medioambientales, aporta soluciones con bajas emisiones; donde el precio importa, evita encarecer su gama con tecnologías inmaduras. No lidera la carrera del coche eléctrico, pero sí lidera el mercado real.