Wayne Griffiths es desde hoy, 19 de enero, presidente de Anfac. El presidente de Seat y consejero delegado de Cupra releva a José Vicente de los Mozos, presidente de Renault España, tras cuatro años de mandato. En su primeras declaraciones tras el visto bueno de la junta directiva de Anfac, Griffiths ha asegurado que se marca como prioridad acelerar la transformación de la industria automovilística española.

"Es el momento de apostar por la transformación de este país en un hub de movilidad sostenible para Europa", ha indicado el directivo nacido en Dukinfield (Reino Unido) pero con una larga trayectoria trabajando en Seat en España y en la sede de Audi en Alemania. De hecho, tiene la nacionalidad alemana desde 2016. "Mi objetivo ahora es acelerar este plan (2020-2040 de Anfac) y avanzar para asegurar la competitividad futura de la industria del automóvil en España".

Adjudiación del PERTE

El nuevo presidente de Anfac asume el cargo para los proximos dos años en un momento "muy importante e histórico para la industria de automoción en España", según ha destacado Griffiths a través de un comunicado. De hecho, tal como recuerda Anfac, la industria se enfrenta a "grandes retos vinculados con la distribución de los fondos del Proyecto Estratégico para la Recuperación y Transformación Económica (PERTE) y el desarrollo de los proyectos, la revisión de la fiscalidad del automóvil que está pendiente por parte del Ejecutivo o del impulso de la digitalización y la innovación de la industria, entre otros temas".

El nuevo presidente de Anfac ha destacado que los fondos del PERTE deben invertirse ya, porque el 2025 es "mañana" y España necesita prepararse para la transformación al vehículo eléctrico, donde hay mucha competencia. Griffiths ha indicado que el Gobierno debe mejorar el "ritmo" de sus actuaciones, porque si no se "acelera" se pierde una oportunidad y "es ahora o nunca". 

El directivo trasladará el mismo mensaje al líder del PP, Pablo Casado, después del anuncio de una denuncia por presunta corrupción del Gobierno. Según Griffiths, el automóvil es un asunto de Estado para el que pedirá su apoyo a todos los partidos políticos. 

Precisamente, Griffiths encabeza la principal candidatura prevista para el PERTE del coche eléctrico y conectado, dotado con casi 3.000 millones de los fondos Next Generation EU, impulsada por el grupo Volkswagen y una alianza de una treintena de empresas. En diciembre pasado, Griffiths advirtió de que un retraso en el proceso de adjudicación de los fondos podría ser "crítico" para el proyecto Future: Fast Forward de Seat y Volkswagen. 

El nuevo presidente de Anfac ha agradecido la labor de De los Mozos al frente de la patronal de fabricantes de automóviles y ha recogido el guante del plan de transformación 2020-2040, que plantea el impulso a la electrificación del parque automovilístico mediante medidas fiscales e incentivos con el fin de recuvenecer los vehículos en circulación. 

Marcha de Luca de Meo

De los Mozos, que asumió la presidencia de la asociación en 2018 para un período de dos años y se tuvo que ampliar en 2020 tras la marcha de Luca de Meo de Seat a Renault, ha recalcado que el trabajo de la asociación para defender los intereses de la industria de la automoción en España ha sido muy importante para que se reconozca y valore que representa el 11% del PIB y el 60% del sector industrial en España.

"Nuestro objetivo compartido siempre ha sido convertir a la automoción en un proyecto-país para España, para impulsar nuestra competitividad como industria en un momento de transformación hacia la nueva movilidad. Estamos en el camino, pero tenemos que ir más rápido porque los países de nuestro entorno ya están avanzando en estos retos y no podemos malograr la joya que es la industria de la automoción en España", ha advertido el presidente saliente de Anfac.

Otro de los asuntos espinosos que De los Mozos ha dejado a Griffiths es la oposición de Anfac a la reforma laboral pactada por la CEOE, los sindicatos y el Gobierno. De los Mozos ha justificado la abstención de Anfac en la CEOE por el desconocimiento del contenido concreto de la reforma, para la que reclama que el convenio de empresa tenga la prevalencia en la negociación colectiva, algo que con el cambio no será así al ceder poder, de nuevo, a los acuerdos sectoriales estatales, especialmente en materia salarial.