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José Manuel Soria, el subsidio y la entrevista (o no) con el presidente de Volkswagen

Premio_ESADEAlumni1

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Redacción

05.08.2016 22:56h

2 min
Día 8 de octubre de 2015. El ministro de Industria, José Manuel Soria, viaja a Wolfsburg para entrevistarse con el nuevo presidente de Volkswagen, Matthias Müller. Soria, que ahora se ha convertido en un subsidiado del Gobierno, explica después que Müller le ha asegurado en la entrevista que mantiene las inversiones del grupo en España. Pero esa entrevista no fue tal como explicó. El dieselgate marcó la última etapa de Soria al frente del Ministerio de Industria, hasta que tuvo que dimitir por las cuentas familiares en Panamá y se haya convertido en un exministro beneficiario del subsidio (¡vaya subsidio!,4.644 euros mensuales) que podrá cobrar durante dos años como exservidor del Gobierno. La presión que estaba recibiendo Soria por su actitud a remolque de otros países en la reacción al escándalo de los motores le llevó probablemente a escenificar la habitual visita de los dirigentes políticos (Jordi Pujol lo hizo varias veces) al cuartel general de Volkswagen y a explicarla con autobombo. Pero la visita de Soria no fue como él esperaba. A su llegada a Wolfsburg, fue saludado por Müller en un fugaz encuentro de cortesía que dio paso a la entrevista de Soria con Francisco Javier García-Sanz, vicepresidente de compras del grupo y comisionado de la compañía para gestionar la crisis generada por el engaño en los motores diésel. Pocos meses antes, Soria puso la alfombra roja al anterior presidente de Volkswagen, Martin Winterkorn, en un homenaje en Esade de Barcelona, en vísperas del estallido del escándalo y de que el consejo de administración lo destituyera. Un ministro muy receptivo ante los lobis La entrevista fantasma de Soria con Müller, un apretón de manos y poco más, según explican fuentes del grupo, es un episodio más en la complicada trayectoria del ministro de Industria. Soria se convirtió probablemente en el ministro más receptivo a los planteamientos de la industria del automóvil, como a la de otros lobis como el de las eléctricas. Todos ellos se han quedado ahora huérfanos de interlocutor a quien transmitir sus demandas.

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