Industria

La industria de Detroit vota por Obama

Redacción

07.11.2012 09:06h

2 min
Barack Obama ha jugado bien la partida con Mitt Romney también en el terreno de la industria del automóvil. Entre las claves que explican la reelección del presidente de Estados Unidos se encuentra el respaldo del lobby de Detroit a Obama frente a un Romney que optó por una estrategia de reproches por una supuesta delealtad al país de alguna de las grandes marcas norteamericanas de coches.

Estas elecciones han dejado claro nuevamente que, para acceder a la Casa Blanca, se necesita la complicidad de los grandes centros de poder económico, además de situarse en una posición de centro que abarque el máximo de círculos concéntricos de los colectivos que forman la sociedad de EEUU.

La industria de la automoción ha correspondido a un presidente que se ha mostrado receptivo a sus demandas en un entorno difícil, probablemente el más complicado al que se han enfrentado las tres grandes marcas en su historia por haberse jugado su supervivencia. General Motors, Ford y Chrysler, así como el entorno de las big three, han preferido mantener a Obama tras superar exitosamente sus quiebras y unas duras reestructuraciones.

Con el mercado de EEUU en fase de recuperación y Obama entablando una guerra comercial contra China por considerar que actúa con competencia desleal inundando los mercados emergentes con sus coches baratos, el auto estadounidense ha tenido clara la respuesta a la disyuntiva entre demócratas y republicanos.

Durante la campaña, Romney, nacido en Detroit, jugó al populismo al atacar a Chrysler, en manos de la italiana Fiat, acusándola de deslocalizar su producción y el empleo a Asia. El tiro le salió por la culata al desmontarse la acusación y gracias a la estrategia inteligente de Obama de salir en defensa de un sector afín a sus intereses.

El presidente optó por rentabilizar el apoyo mostrado en los últimos años al cluster industrial de Detroit mediante créditos preferentes que salvaron a GM y otros apoyos que beneficiaron a Ford y Chrysler en su labor de soltar lastre para remontar y volver a crecer en su mercado y también en otros países. La premisa fue no ir a contracorriente de la globalización sino adaptarse a ella aunque para eso fuera necesario hacer limpieza en casa.

Los trabajadores supervivientes de Detroit y las nuevas incorporaciones en el floreciente polo industrial de la automoción en el Mississippi han tenido un argumento de peso para decantarse por un demócrata que, en muchos aspectos, ha actuado con medidas liberales para propiciar un marco más favorable al resurgimiento del sector. El calendario ha jugado a su favor al darle el tiempo suficiente para cosechar los frutos de esa política. ¿Oportunista? Sí, pero también eficaz.

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