Lo mejor no siempre es lo que triunfa en el mercado. Los consumidores y los intereses empresariales acaban decantando la balanza. La historia reciente tiene algunos ejemplos como el sistema de vídeo Betamax, que acabó engullido por el VHS; la conexión Firewire, arrollada por la USB; o la red social Second Life, de la que casi nadie se acuerda ya. A la lista se puede añadir el innovador sistema de intercambio de baterías para coches eléctricos que diseñó e implantó Better Place, una compañía estadounidense-israelí que acaba de anunciar su cierre.

Tengo que confesarlo, yo era un firme partidario de intercambiar la batería eléctrica frente a las opciones de la compra o el alquiler. Supongo que ese apego se debía al atractivo que suponía llegar a una electrolinera y salir en unos minutos con otra batería cargada al 100%, un proceso muy parecido al repostaje actual en una gasolinera. Rápido e incluso más limpio al estar totalmente automatizado y no comportar para el conductor ningún tipo de manipulación como la de la manguera del surtidor de gasolina.

El impulsor de Better Place, el emprendedor Shai Agassi, también era un fanático convencido de la viabilidad, la utilidad y practicidad del intercambio de baterías, al igual que el Gobierno de Israel, que veía en el sistema una vía para ganar independencia energética respecto a sus todopoderosos países vecinos productores de petróleo y presumía de la innovación que apoyó con una importante aportación económica.

Pero Agassi tuvo que dejar Better Place a final del 2012 en lo que fue un síntoma de los problemas por los que atravesaba la empresa en sus primeros meses de andadura real. En un comunicado, el máximo directivo actual de la compañía, Dan Cohen, ponía el dedo en el ojo de los fabricantes de vehículos por haber precipitado la quiebra. "Desgraciadamente, tras un año de operación comercial, estaba claro para nosotros que, pese a los muchos clientes satisfechos, la aceptación en el público más amplio no sería suficiente y el apoyo por parte de los productores de vehículos no llegaría".

Renault le dio la espalda

Hace unas semanas, el presidente de la alianza Renault-Nissan, Carlos Ghosn, advirtió de que el grupo reduciría de forma drástica la fabricación de coches con el sistema de intercambio de baterías, lo que significaba un misil en la línea de flotación de Better Place. La firma se sustentaba en un acuerdo con Renault como proveedor de vehículos, aunque en el primer año de comercialización únicamente se han vendido unos 1.000 turismos con batería intercambiable en estaciones específicas en Israel y los países nórdicos.

El resto de grandes fabricantes nunca se han mostrado interesados por el innovador sistema diseñado por Agassi. Su pinchazo comercial en la prueba de fuego y la falta de confianza de la industria del automóvil han rematado el mejor avance técnico hasta ahora para superar las importantes limitaciones de los coches eléctricos por su escasa autonomía. Detrás del fracaso de Better Place se encuentran las importantes inversiones que eran necesarias en preparar las electrolineras y la preferencia de las marcas cada vez más por el alquiler de la batería y la recarga mediante postes públicos o en enchufes caseros.

El cambio que ha dado Nissan en la nueva generación del Leaf fabricado en el Reino Unido es también una pista de hacia dónde va el futuro del coche eléctrico. Ahora es posible alquilar la batería en lugar de comprarla, al igual que hace Renault con sus modelos eléctricos desde el principio. La razón hay que buscarla en la necesidad de rebajar el coste que tiene que asumir el comprador de un turismo eléctrico, que se ahorra entre 8.000 y 12.000 euros si opta por pagar una cuota mensual por el uso de la batería.

Por tanto, una vez muerto el intercambio, ¡viva el alquiler de baterías!