El Congreso de los Diputados se convirtió en algo parecido a un aula avanzada sobre movilidad sostenible. En la Sala Ernest Lluch, representantes de toda la cadena de valor de la automoción, agrupada en Neutral in Motion, desplegaron argumentos, datos y propuestas ante diputados de distintos grupos parlamentarios en una sesión que tuvo tanto de diálogo institucional como de ejercicio pedagógico. El objetivo: explicar que la transición hacia una movilidad descarbonizada solo será viable si se construye con realismo, inclusión y consenso.

La cita, bajo el título “Impulsando la movilidad sostenible”, fue organizada por el Círculo Neutral in Motion, una alianza que agrupa a las principales asociaciones del sector —AEDIVE, AER, ANESDOR, ANFAC, FACONAUTO, FENEVAL, GANVAM y SERNAUTO— y que aprovechó el escenario parlamentario para presentar su Manifiesto ante miembros de comisiones clave como Transportes, Industria, Seguridad Vial, Transición Ecológica o Economía.

Desde la apertura, el mensaje fue claro. Juan Luis Barahona, portavoz del Círculo, apeló directamente a los legisladores al recordar que “la descarbonización de la movilidad debe ser una oportunidad para reforzar el tejido industrial, garantizar el derecho a la movilidad de los ciudadanos y construir soluciones realistas, inclusivas y consensuadas”. Una frase que marcó el tono de toda la jornada y que funcionó como hilo conductor de los debates posteriores.

El peso de la industria

La primera mesa, centrada en el papel estratégico de la industria de automoción, puso sobre la mesa una reivindicación compartida: sin un marco regulatorio estable y predecible, la transición corre el riesgo de quedarse a medio camino. Moderada por la diputada Tristana Moraleja, la conversación combinó visión industrial y advertencias prácticas.

Arturo Pérez de Lucia (AEDIVE) insistió en que la electrificación no puede sostenerse solo en la venta de vehículos. “La infraestructura de recarga no es un complemento, es la base de toda la transición”, señaló, advirtiendo de que sin confianza del usuario en la recarga, el cambio de modelo pierde velocidad. Desde ANESDOR, José María Riaño reclamó políticas inclusivas que reconozcan el papel de las motos y los vehículos ligeros, todavía poco considerados en muchas normas de movilidad. Y José López-Tafall (ANFAC) recordó que la hoja de ruta existe —el Plan España Auto 2030—, pero necesita acompañarse de certidumbre regulatoria para no frenar la inversión industrial.

El debate bajó después del plano macroeconómico al terreno social con la segunda mesa: “Una movilidad sostenible al alcance de todos los ciudadanos”. Aquí, el foco se desplazó al usuario final y a la idea de que la transición ecológica solo será posible si no deja a nadie atrás. Moderada por el socialista Juan Carlos Jerez, la mesa funcionó como un recordatorio constante de que la sostenibilidad también tiene una dimensión social.

El usuario y la colaboración público-privada

Desde el renting, José-Martín Castro (AER) defendió este modelo como acelerador de la renovación del parque y de la electrificación, sin trasladar riesgos al ciudadano. FACONAUTO, a través de José Ignacio Moya, fue contundente: “No hay descarbonización creíble con un parque envejecido”, reclamando un Plan Nacional de Renovación del Parque que no dependa del código postal. FENEVAL puso el acento en la libertad de movimiento y en el caos normativo municipal, mientras que GANVAM alertó del riesgo de dejar fuera a las pymes y a los ciudadanos con menos recursos si no se impulsa también el vehículo de ocasión de bajas emisiones.

Más allá de las intervenciones, el valor añadido de la jornada estuvo en el debate abierto con los grupos parlamentarios, donde se evidenció un cierto terreno común: la transición en movilidad exige colaboración público-privada, estabilidad normativa y una visión de país a largo plazo. Una conclusión que, en los pasillos del Congreso, sonó menos a consigna y más a aviso.